Hell Yeah! La Furia del Conejo Muerto (PC)

A veces la vida es mucho más sencilla de lo que imaginamos. Creemos que más allá de nuestra puerta existen tramas complejas de espionaje, peligros llenos de acción, amores imposibles… cuando simplemente puede haber un conejo muerto con una taladradora.

Bienvenido al infierno.

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Jugabilidad: Juego de plataformas en 2D  sin pretensiones, todo con cierto regusto clásico y mezclando varias mecánicas de otros juegos. Por una parte tenemos al conejo, que puede saltar y… eso es todo, en realidad. Cuando consigue su medio de transporte, una taladradora/rebanadora, se demuestra su verdadera naturaleza de héroe; con ella arrasa a enemigos y piedras por igual, abriéndose un sangriento camino por las profundidades. Por si esta arma de destrucción no funcionara, también nos dan una variada lista de lanzamisiles y metralletas para disfrutar mientras avanzamos en nuestro mortal vehículo, como si de un antiguo Metal Slug  se tratase. Además, como es obvio que no tienes suficiente con este cóctel, tras cada enemigo importante hay algún mini-juego que dura sólo unos segundos, sacados directamente de WarioWare.

Los niveles son algo laberínticos, pero no lo suficiente como para perdernos. Tienen numerosas trampas y enemigos que te complicarán las cosas, aunque son clásicos en su ejecución. Para que no saturen se intercalan con fases de vehículos distintos a la taladradora, donde el juego se transforma en un shooter  de naves espaciales (¡como si le faltasen juegos que copiar!) y la vida del personaje pasa a ser gasolina. Entretienen, consiguen eliminar la sensación de repetividad. Un pequeño éxito.
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Sobre este diseño, podría decir que a partir de cierto momento Hell Yeah! adquiere tintes de Metroid  (un ejemplo de este “género” es Ori and the Blind Forest) pero realmente está tan guiado por la historia que, al poco de finalizar, lo habremos completado casi todo y no hay razones de peso para volver atrás, más allá de algún coleccionable estético escondido.

El control sobre el personaje, sin embargo, no termina de redondear la experiencia. No es que reaccione excesivamente mal o tarde, que no lo hace, pero en los últimos niveles piden una exactitud que no tiene, muy poco eficaz. Se echa en falta un refinamiento, que le dedicasen más tiempo. Algo similar puedo decir de las físicas del vehículo de la liebre cadavérica. A esto hay que sumar que ciertos mini-juegos son frustrantes, poco intuitivos y te pueden hacer perder la partida. Al final nos queda una sensación agridulce, de que hay cosas que, aunque al principio pintan muy bien, luego te das cuenta de que podrían haberse pulido mucho más.

Como detalles finales, hay una tienda que nos permite comprar con dinero del juego (una vergüenza tener que hacer esta aclaración hoy en día) aspectos para nuestro conejo muerto y su taladradora mortal, así como diversas mejoras. Por último, hay un par de modos a más hechos para alargar las horas jugadas, como una isla donde poner a los monstruos asesinados a trabajar. De forma forzosa, claro.

Historia: La furia del conejo muerto es humor absurdo al extremo, sin concesiones. Si no te gusta esta clase de comedia, para de leer y gasta tu tiempo en algo más gratificante, porque definitivamente no es tu juego. Cargado de referencias a otros juegos de SEGA, patadas a la cuarta pared y cosas que pasan porque… ¿por qué no? El juego es un sin sentido de principio a fin, y tan pronto estarás en la discoteca del infierno como peleando contra cartas de strip póker desnudas –y por suerte para nosotros, censuradas-.

Nos enteraremos de todo esto gracias a su genial traducción/adaptación al español que, a pesar de tener algún que otro error gramatical (¿Grenades? ¿En serio?) sabe cómo mantener el humor original y que los hispanohablantes pillemos todas las referencias.
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La narración nos da a conocer al príncipe del infierno Ash, una liebre esquelética al que un día los paparazis infernales pillan bañándose desnudo… con un patito de goma. El conejo se recorrerá su inframundo de arriba abajo, buscando a quien subió esas fotos, y matando de la forma más absurdamente sangrienta a quien se encuentre por delante.

Arte/Tecnología: A pesar de estar dibujado es un juego algo desangelado. Sí, es bonito, colorido, los personajes son chulos, incluso podríamos definir el apartado artístico como cañero, pero tiene un aspecto de estar hecho y animado con Flash  que no le hace ningún favor. Sus escenarios tampoco destacan, y repiten demasiado el corta/pega con los mismos elementos en cada localización. A cambio, la ambientación sí es su punto fuerte, ya que te lleva por sitios que no esperarías en el infierno (y se agradece alejarse de los ya mil veces recorridos pradera/bosque/hielo/volcán). En general, el arte luce bien, pero no destaca en ningún aspecto.

En lo técnico cumple de forma más holgada. Ni un solo bug, se puede poner en resolución HD, siempre estable y sin parones… las animaciones no lucen, y apenas hay nada que haga destacar al juego visualmente, ni planos que se muevan de forma independiente, rotaciones o efectos similares.

Hablamos de tecnología que no deslumbra nunca. Esto, junto a su arte genérico, conforma un producto que no desagrada a la vista, pero que no transmite nada, ninguna emoción.

Música/Sonido: Continuando este festival de “sí pero no”, tenemos melodías que acompañan, variadas y de nuevo, de varios géneros. Es una pena que salvo una muy concreta el resto no se contagian de la locura que tan bien le sienta a este conejo, y la música se queda, otra vez, en algo que está bien… pero demasiado genérico, casi de manual. Al final apenas las recordarás, si es que lo haces.

Los efectos de sonido tampoco destacan, parecen sacados de alguna biblioteca de audio que tiene la propia SEGA  o algo así. Son correctos, sin más. Completamente distinto es la única voz que hay en todo el juego, que (¡por fin!) es tan genial como se merece. Acertada a más no poder, le va como un guante a este infierno. Una pena que lo único que haga es gritar palabras sueltas, porque se merecía mucho más texto.


Duración/Dificultad:
De unas 6 o 7 horas de duración, diría que hay conejo más que suficiente. En lo personal no me he quedado con ganas de más, pero tampoco sentí que lo alargaran más de la cuenta.

Con la curva de dificultad estoy contrariado. Es justa, va de menos a más de una forma bastante orgánica. No hay quejas, en realidad. El problema aparece cuando, como mencioné unas líneas atrás, el control no puede responder a partir de cierto nivel de exigencia, volviéndolo más frustrante de lo que en realidad es. A esto se le suman los mini-juegos que deberían estar para hacer la gracia –o eso transmiten-, pero aumentan su dificultad también, y probablemente te hagan perder en más de una ocasión (incluso en la batalla final del juego, como le pasó al tipejo que escribe este texto). Aún con estos defectos, te aconsejo armarte de paciencia y seguir adelante. Los créditos del final valen cada gota de sangre derramada.

En resumen: Hell Yeah! La furia del conejo muerto  es una amalgama alocada y divertida de géneros distintos que, en conjunto, funciona. Sin embargo esto le impide tener una personalidad propia y, donde él mismo debería sobresalir, ya sea su control o su envoltorio audiovisual, no lo logra -aunque tampoco falla del todo- 5.5/10. Lo peor que le ha pasado es que, salvo la irreverente historia, el resto de apartados no acompañan ni motivan a seguir jugando. Es, simplemente, un videojuego más, incapaz de destacar.

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La mitad de la sangre conseguida se destina a fines sociales.


PC Usado: CUSTOM

  • Procesador Intel® Core, i7-2600K CPU @ 3.40GHz
  • Memoria RAM 16GB DDR3
  • Sapphire Radeon RX 480 8GB GDDR5
  • Windows 10 Pro 64 bits
  • Jugado con mando Xbox One
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