The Legend of Zelda: Breath of the Wild (Wii U)

No suelo analizar juegos de mundo abierto, ya sean MMO’s, GTA’s, o Elder Scroll’s  varios por lo monumental que me parece la tarea. La saga Assassin’s Creed  es aparte, porque con ella sólo tengo que copypastear  el análisis anterior y decir que es peor que el último. Sin embargo, tras 3 meses jugando de forma diaria, y habiéndose pasado el impacto inicial, creo que Breath of the Wild  se merece que hable bien de él. Porque todo lo que se diga es poco, y tras una retahíla de juegos mediocres o que vivían demasiado del pasado, que te vuelvan a echar en la cara por qué The Legend of Zelda  significa algo, es para celebrar. Sin más, sed bienvenidos a Hyrule.

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Jugabilidad: El juego empieza dejándote en frente del inmenso mapa que te espera por explorar, sin más explicaciones. Esa es una de sus mejores bazas, no enseña nada directamente y es el jugador el que tiene que descubrir y explorar todas las mecánicas de este mundo 3D en tercera persona. Para resolver cada situación que te planteen hay 50 soluciones y todas son igual de válidas. Para ello nos ofrecen distintas herramientas desde el principio del juego, que sustituyen a los ítems clásicos de la saga: un imán con el que mover objetos metálicos, un paralizador, bombas y una herramienta para crear columnas de hielo en el agua. Con esto, puedes acceder cuando quieras a cualquier parte del mapa y cumplir con éxito todos los retos que nos proponen.

Link,  el protagonista, puede equiparse con diferentes armas ya sean espadas, boomerangs, mandobles, lanzas, arcos con varios tipos de flechas y distintas opciones más, que cuentan todas ellas con niveles de daños y de duración, pues al cabo de unos cuantos golpes, todo se rompe (los arcos también ¿cómo? buena pregunta). El sistema de combate se ha mejorado muchísimo respecto a otras entregas tirando más hacia la acción y la agilidad, cada estilo de arma es único y dependiendo de la situación o enemigo hay que adaptarse. Hay esquivas, cámaras lentas, y se pueden devolver los ataques con el escudo más allá de pararlos, si tienes buen pulso. A esto se suman las armaduras que hay por el juego, con más o menos defensa -que se pueden mejorar con materiales que dejan los enemigos o recolectando- y al tener un conjunto completo se desbloquea una habilidad especial, como correr más rápido por la noche o subir cascadas como un zora.

Pero un buen sistema de combate no sirve de nada si no tienes a quién combatir. Cada enemigo de BotW  equivale a 4 o 5 antiguos: su inteligencia se ha disparado, tienen muchísimas animaciones, se comunican entre ellos, reaccionan a lo que haces, distintas estrategias, armas… son los mejores enemigos de la saga. Además, el juego usa una mezcla entre auto-nivelado y enemigos complicados en zonas del mapa más allá del nivel. En ciertas zonas hay monstruos muy superiores al jugador, y vencerlos es un reto, más con el tiempo, tanto estos seres como los habituales dejan de ser un desafío, así que el juego los va volviendo más fuertes usando otros colores. Pero todo esto no esconde una de las mayores lacras de este Zelda, y es la enorme falta de variedad en los enemigos. Hay muchas situaciones que pueden matarte, hay animales salvajes peligrosos, incluso el propio mundo es un enemigo (ir al volcán sin algo que te proteja del calor es un suicidio), pero monstruos como tal habrá una veintena. Ver a un Hinox esquelético  la primera vez impresiona y te hace sentir una hormiga ante un titán único y especial. Ver al decimonoveno, no.

El juego tiene muchas más cosas. Sigilo, ciclos día y noche, meteorología, habilidades especiales de ayuda, un complejo sistema de comidas y recetas para curarte o mejorar cualidades momentáneamente, misiones que te van encargando los PNJ’s -algunas divertidas, otras de recadero- y sobretodo, recolección.

z2Hyrule  es un mundo gigantesco, pero más allá de eso, está repleto de cosas. Si crees que alguna zona está vacía, es que no has buscado bien. Hay misiones principales, secundarias, casi un millar de objetos para coleccionar, cada uno con su propio reto o como recompensa por haber llegado a algún lugar, y 120 santuarios que hacen esta vez de mazmorras de la saga, con sus clásicos puzles y otros nuevos. Estas mini-mazmorras  están muy bien pensadas, haciendo que el componente de puzle no baje respecto a otras entregas, pero distribuyéndolo mucho más en la aventura y logrando así que sea mucho más fresco. Ojo, el mapa en sí mismo es un acertijo gigantesco. Cada coleccionable, tener que acceder a ciertos sitios, minijuegos dispersos… es como coger el mapa de A Link to the Past  y hacerlo real aumentando su escala.

¿Podría ser mejor? Desde luego. Se echan en falta mazmorras más desarrolladas como el Castillo de Hyrule  que hay al final (simplemente brillante, de lo mejor que ha dado la saga), muchos de estos santuarios son un combate y a casa (o peor aún, pruebas de control con movimiento, terribles al máximo nivel), y las cuatro mazmorras principales que incluyen no dejan de ser tremendamente sencillas y repetitivas con el mismo esquema.

Y más allá de eso, el juego ofrece libertad absoluta. Libertad para ir a cualquiera de sus poblados con sus habitantes cargados de rutinas que duermen y hacen turnos, libertad para enfrentarte o no a sus mazmorras, para ir a dónde quieras, cuándo quieras y cómo quieras. Navegar, planear, escalar, todo está en tu mano. Incluso si quieres enfrentarte al enemigo final saltándote la historia, desde prácticamente el minuto uno puedes ir a por él. Aun habiendo resuelto las misiones principales habrá zonas que no tienes por qué visitar.

Y esto es gracias en gran parte a que el mapa no es un decorado. Puedes talar (casi) todo, usar las tormentas eléctricas a tu favor, cazar, enfrentarte a los enemigos de mil y una formas usando los elementos del escenario, el sistema de físicas está logrado de una forma increíble, permitiendo auténticas virguerías y formas curiosas de resolverlo todo… El mundo del juego es tremendamente reactivo e invita a que lo pruebes y fuerces constantemente: crear incendios, lanzar algo eléctrico al agua para que los peces mueran y floten en la superficie para cogerlos, equiparte un arma de fuego en una zona donde haga frío para ayudarte a mantener el calor, que llueva dificulta que escales pero puedes aprovechar el ruido para acercarte con más sigilo a por los enemigos… Al jugar sientes que estás en un mundo real, con sus propias reglas, y eso simplemente hace que el resto de juegos de mundo abierto hayan quedado desfasados. BotW ha provocado que a partir de ahora tenga que mirar con otros ojos a los juegos de esta clase, así que simplemente que se preparen los siguientes Assassin’s Creed  o The Witcher, porque en lo referente a mundo, Zelda  está a otro nivel.

Historia: Simple (que no mala). En lo personal habría preferido una épica a lo Twilight Princess, pero Breath of the Wild  juega mucho con los sentimientos de nostalgia y soledad. Quizás les ha salido sin querer, o quién sabe, quizá es a propósito (ja), pero el juego se basa más en lo que no cuenta y en lo que trata de transmitir que en la historia en sí.

El héroe Link  se despierta amnésico tras haber dormido 100 años, cuando fue derrotado por la encarnación del mal. Efectivamente, empezamos el juego en el epílogo de la historia. No hay ningún avance real en la historia mientras juegas, pero puedes reconstruir el relato recordando trozos dispersos o leyendo los diarios de la gente (muy ilustrativos algunos, especialmente el del rey o el de la princesa, mejor desarrollada en esta entrega que nunca).

Desde el principio nos ponemos en las botas de un héroe ya formado, que ya peleó contra el mal con una espada legendaria que él mismo consiguió y… fracasó. Todo lo que queda de su hogar son ruinas. Para Link  y para nosotros como jugadores. El juego está lleno de referencias en forma de nombres y lugares a otros juegos de la saga. Un reino tomado por la naturaleza donde apenas queda nada que conozcamos, y lo que conocemos, está destrozado. Incluso el jefe final, sin decir ni una sola línea de diálogo, es de los que más pena me dio de la saga en general. Una Hyrule  abandonada, con personajes atrapados en un ciclo sin fin, sustituyendo las creencias a las diosas doradas por la de una única diosa falsa, depositando su esperanza y fe en que la tecnología podía salvarlos, en vez del poder dorado que llevó salvando el reino durante miles de años. Pero quién se puede acordar de eso, si el pasado es una leyenda difusa y olvidada…z3

Arte/Tecnología: Artísticamente es maravilloso, da para escribir un libro aparte. Un estilo de dibujos animados cercano al estudio japonés Studio Ghibli, personajes y enemigos imaginativos o hermosos, animaciones vivas perfectamente hiladas, y… los escenarios. BotW  tiene escenarios sobrecogedores, praderas verdes, hierba que se mueve con el viento, atardeceres y amaneceres increíbles, playas paradisíacas, un volcán ardiente, un desierto infinito, y las cordilleras nevadas más opresivas que he conocido en un videojuego, dándome por primera vez las sensaciones de estar perdido en una montaña entre ventiscas, algo que ni TES: Skyrim  logró. Cada elemento del juego, cada animal, insecto, árbol, brizna de hierba, lluvia, rayos, mujeres, hombres, niños, zoras, ornis, gerudos y  gorons, enemigos, guardianes, princesas y héroes, cada uno de ellos tiene encima un trabajo excepcional que convierte la epopeya de Link  en un viaje artísticamente inabarcable de contar.

Por supuesto, tiene errores. Todos los santuarios son estéticamente idénticos, hay pájaros en todas partes,  ciertas texturas son de muy baja calidad, en lo tecnológico tiene caídas de fps  en según qué zonas -algunas veces importantes- y hay un popping exagerado. Pero ninguno de ellos consigue malograr lo más mínimo el apartado gráfico del juego. Precioso, indescriptible, deja estampas para quedarse embobado constantemente.

Música/Sonido: Es quizá el apartado más conflictivo del juego. Por una parte el sonido es fantástico a todos los niveles. Animales haciendo sonidos, el viento soplando entre los árboles, gruñidos de monstruos, un doblaje al español excelente, todo está ejecutado a la perfección y te mete de forma absoluta en ese mundo de fantasía y naturaleza.

La música, por otro lado, es… interesante. Ciertas teclas de piano en el momento justo quedan preciosas, y siempre encajan con la nostalgia y melancolía que transmite el juego: ese mundo devastado ya no tiene grandes composiciones épicas, sólo… ruinas. Ruinas preciosas, pero ruinas. Y así es la música, pues muchas veces son arreglos de fragmentos de melodías ya existentes. Para mí es una elección muy buena. Incluso en las situaciones en las cuales hay realmente música (batallas finales, escenas, poblados) me parece a la altura de la saga. No de las mejores, pero sin duda muy buenas. Aun así echo en falta más variedad, se repiten mucho para un mundo tan grande (la mencionada de los jefes finales no deja de ser la misma en todos con ciertas variaciones instrumentales), y el juego necesita como el comer algo más potente cuando vas corriendo a toda velocidad con el caballo por las colinas de Hyrule, momento en el que no hay lugar a la nostalgia o melancolía sino a la aventura pura.

Duración/Dificultad: Hablamos de un juego que puede durar desde un par de horas a cientos, dependiendo exclusivamente del jugador. Como ya he dicho, este análisis es fruto de más de tres meses jugando diariamente. Una partida normal puede pasarse de las 100 horas sin ningún esfuerzo. Y lo peor es que sabe a poco. Está tan bien montado que el juego no cansa cuánto más lo juegas, al contrario, es igual de divertido, o incluso más, desde el comienzo hasta el final. Siempre hay algo nuevo que descubrir, algo nuevo que hacer, algo nuevo que recolectar, una nueva misión que desbloquear, un nuevo santuario que encontrar y completar. O el mero placer de recorrer Hyrule  ya sea andando o a caballo es de por sí una forma de hacer que las horas vuelen sin darte cuenta.

Sin embargo la dificultad no está a la altura. Es cierto que al principio el juego es muy complicado (sólo recuerdo un volumen de muertes similar en A Link to the Past) obligándote a ir con un cuidado extremo en todo momento, especialmente cuando te encuentras a una bestia grande. Esto, por desgracia, no dura. Al cabo de unas cuantas horas y cuanto más avances en el juego, entre que el jugador domina más las situaciones, hay mejores armas, mejores armaduras… los enemigos pasan a durar un suspiro. Siempre hay cosas que pueden sorprenderte y cogerte por sorpresa, pero pasan a ser las menos.

El juego cuenta con amiibos que dan desbloqueables en forma de armaduras clásicas y tiene planeados 2 DLC, uno importante a finales de este año.

En resumen: ¿Es TLoZ: Breath of the Wild perfecto? No. Pero es innegable todo lo que supone. No es sólo una evolución en la saga, es una evolución al género entero, y su sombra salpicará a todo aquel que ose tener un mundo abierto. Tampoco hay que darle más crédito del que merece. El sistema de combate o armas se parece a varios juegos que han salido últimamente, que los PNJ’s  tengan vidas y costumbres ya ocurrió antes, y hay juegos exclusivamente centrados en las físicas y usarlas para avanzar en puzles. Pero irónicamente hace exactamente lo mismo que volvió grande al The Legend of Zelda  original: coge todos esos géneros, todas esas ideas, las mejora o simplifica según sea necesario y une todas las piezas haciendo que encajen de una forma simplemente perfecta 9/10. Aunque sigue sin ser perfecto. Se echa en falta una historia más activa, más enemigos, más mazmorras como el Castillo de Hyrule, algunas partes necesitan una música más épica y a pesar de lo que ha logrado, necesitaría estar más pulido en lo tecnológico. Pero ¿eso lo hace malo? Diosas, no. BotW  es la antítesis de un juego malo. Cuidado hasta lo enfermizo en todos sus apartados, sus cientos de aciertos hunden completamente los errores, y la experiencia es la mejor que me ha dado un videojuego en años. Saber que estás jugando a algo muy bueno o muy malo es algo que ocurre de tanto en tanto. Pero saber que estás jugando a algo que cambiará todos tus esquemas jugables y que evolucionará tu concepción sobre cierto tipo de videojuegos, no.

Sé que el próximo The Legend of Zelda  mejorará a este si sigue la misma senda. Pulirán los errores, añadirán algo nuevo, y sin duda, será objetivamente mejor juego. Pero pasarán años hasta que repitan algo semejante, con la misma evolución. Por ello, mi única recomendación es que agarres bien el juego y no lo sueltes hasta que se haya quedado grabado completamente en tu cerebro. Olvida cosas menos importantes si hace falta, como tu boda, o tu graduación, o cómo se respira. Esto lo merece.

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Mipha es la nueva waifu de la saga. No busques lo que significa, simplemente confía en mí.


Consola usada: Wii U 32 Gb

Un pensamiento en “The Legend of Zelda: Breath of the Wild (Wii U)

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